
[DE RERUM NATURA]
Y para que la Tierra quede inmóvil
En el centro del mundo, lentamente
Es preciso que pierda de su peso,
Y que se desvanezca; que sus partes
Más inferiores hayan contraído
Nueva naturaleza por haberse
Unido íntimamente con el aire,
Sobre el que están sentadas, y a quien ellas
Desde el principio fueron agregadas:
Y así la Tierra no es de peso al aire,
Ni en él se engulle: al modo que cada hombre
No siente el peso de sus propios miembros,
Ni pesa sobre el cuello la cabeza,
Ni sentimos del cuerpo todo el peso
Sobre los pies: al paso que fatiga
Cualquier peso, aunque leve, en nuestros hombros.
Es fuerza el observar atentamente
Con qué cuerpo otro cuerpo se incorpora:
Así la Tierra no es un peso extraño
De pronto a extraño fluido agregado,
Sino que concebida con el aire
A un mismo tiempo fue desde el primero
En que el mundo nació, del que parece
Una parte distinta, a la manera
Que hacen parte del cuerpo nuestros miembros.
Lucrecio, De la Naturaleza de las Cosas, Libro V
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