24.4.07

[L’IMAGE EST UN FEU QUI A BRÛLÉ L’ÉTAPE DU FEU]

Convoquer deux choses en l’une, ce que fait l’image, n’est faire que ce que fait la chose qui, immédiatement, est deux choses, trois même : soi et soi. Et l’être dedans qui coud cela très fortement, bien plus serré que la plus belle de nos images.


Laurent Albarracin, De l’image 1 et 2

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23.4.07



[¿TÚ?]

Tu flaires les linges humides, tes acides.
Voilà ce qui reste de toi, une épaisseur vivante.
Tu vois le miroir sans mercure.
Il n'est que du verre noyé dans l'ombre et à l'intérieur
il y a ton visage.
Tu es ainsi à l'intérieur de toi-même.

Froid des limites

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15.4.07

[EL PAÍS DE MIS CUARENTA AÑOS]

Arlete Soares, editora de la obra de Pierre Verger en Brasil, ama contar esta historia. Y es que una vez, teniendo Verger ya cerca de los noventa años, Arlete le pregunta por la región del mundo que más le gustaría visitar de nuevo (el repertorio geográfico del etnólogo francés era inabarcable). Y Verger responde: Me gustaría volver a vivir en el país de mis cuarenta años.

No soy psiquiatra, pero me da que los añorantes de juventud suelen buscar la felicidad de antaño en la división por el dos. Y hay muchos locos sueltos que van, queremos ir, más lejos aun (o más cerca, según se mire).

Post

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[NECESIDAD DE UNA ISLA]

Nous sommes partis de bon matin à cinq heures avec un pêcheur de langoustes et l'on a commencé par rôder trois heures sur la mer, où nous avons tout appris de l'art d'attraper les langoustes. […] Puis on nous déposa dans une crique inconnue. Et là s'offrit à nous une image d'une perfection si accomplie qu'il se produisit en moi quelque chose d'étrange mais qui n'est pas incompréhensible ; c'est qu'à proprement parler je ne la voyais pas ; elle ne me frappait pas ; sa perfection la mettait au bord de l'invisible.

Walter Benjamin
Lettre à Gretel Adorno, Ibiza 1933
Traduite par Guy Petitdemange

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13.4.07



[SUR L’EXPÉRIENCE DU 7/8 JUIN 1930]

7/8 juin 1930. Très profonde dépression due au haschich.
Puissant sentiment d’amour pour Gert.
Abandonné à l’extrême de mon fauteuil ;
souffert qu’elle soit seulement avec Egon.
Et étrangement il était alors jaloux lui aussi,
menaçant sans cesse de se jeter par la fenêtre
si Gert s’éloignait de lui.
Mais précisément elle ne l’a pas fait non plus.
Assurément les fondements sérieux de ma tristesse étaient déjà là.
Il y a deux jours une rencontre fugitive,
qui a mis en évidence à quel point le cercle de mes activités
s’est rétréci,
et peu de temps auparavant
(je suis dérangé par le piano de en haut)
une nuit mémorable avec Margarete Köppke qui insistait tellement
sur mon être enfantin
que j’ai distinctement perçu à travers ce qu’elle disait
à quel point elle entendait par cette expression
le contraire [du mot] homme,
et qui me poussait à devenir moi-même.
Je trouvais la formule de Bloch : pauvre, vieux, malade et abandonné
applicable à moi pour trois de ces termes au moins.
Je doute de parvenir à ce que les choses prennent bonne tournure.
L’avenir ne m’offre que les perspectives les plus incertaines
quant au pays [ ? ], quant au lieu et à la situation,
quant au mode de logement,
beaucoup d’amis mais je passe de main en main,
beaucoup de compétences mais aucune dont je puisse vivre
et une assez grand nombre qui entravent mon travail.
C’était comme si ces pensées voulaient me tenir captif,
c’est ce qu’elles faisaient cette fois et presque avec des cordes,
tant j’étais enclin à voir derrière tout ce que Gert me disait
d’insultant des révélations qu’elle lisait sur mon visage,
et à faire place en moi aux énigmes de Köppke,
accompagnées des données du problème et d’avertissements.
Je suis triste de devoir presque continuellement
plaire pour vivre.
Mais j’étais également très décidé à profiter de Gert.
Lorsqu’elle dansait
je buvais chacune des lignes qu’elle mettait en mouvement
et que je ne pourrais-je point dire de cette danse et ce cette nuit
si Satan en personne ne jouait du piano en haut.

(…)

Walter Benjamin
Traduit de l’allemand par Jean-François Poirier

Nota: Este post está dedicado a Raquel.

(El retrato de Benjamin es de 1937, y su autor posiblemente su amiga de París)

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11.4.07




[EL BIÓGRAFO DE W. BENJAMIN]

Ayer, después de despedir a Antonio, me presenté en el Instituto Goethe. Desde que vivo en Bahía no leo, pero los libros que me acompañaron en Europa siguen por ahí. Así que cogí la biografía de Walter Benjamin y poco antes de las ocho de la mañana ya estaba en el patio. El caserón del Goethe es muy agradable. Suelo dejar el coche a unos doscientos metros. Eso me permite un breve paseo. Reconfortante, porque el Instituto se encuentra en la única avenida (o una de las pocas) que aun tiene árboles.

Oreste ya había llegado. En los bancos de piedra, mujeres esperando. Una imagen perfectamente benjaminiana (no sé si existe la expresión, pero al diablo las expresiones). Además, de esa imagen, no sé lo que podría ser de él. Bancos de piedra e hiedra. A lo mejor. Mujeres. Sí, mujeres combinan bien con todo. Además me parecía justo. Toda su vida se la pasó Benjamin esperando por una mujer. Que ayer esperasen ellas era lo mínimo.

Le enseño a Oreste el libro. Le digo que fue mi iniciación, que los que no tenemos estudios superiores solemos encarar a los autores por sus vidas. Después, dios dirá. Llega la mujer de Oreste, me toma el libro e instantáneamente aparece en el arco de la entrada al patio el señor Witte. Elisabeth, que es la directora del Goethe, va a recibirle con mi libro en mano. El biógrafo de Benjamin luce un traje crema de lino, sin arrugas. Cabello blanco peinado hacia atrás. El biógrafo repara en el libro, pregunta a Elisabeth por su dueño.

- Qué sorpresa, qué sorpresa.
- Gracias a usted… yo… Walter Benjamin… (las palabras me abandonaban).
- Cuánto honor, cuánto honor.
- El honor es mío (le dije)… su biografía.. mis lecturas… (recuerdo que después de la biografía me leí la correspondencia, y que después fue un texto sobre las experiencias con el hachís).
- Oh la biografía, la escribí en París… ¿Cómo es que habla usted tan bien francés?
- Yo… (estaba hablando un francés de cuarta)… bueno, viví en París… (no conseguía decir la verdad)… seis años (mentira, viví casi dieciocho, pero me avergonzaba hablar tan mal para alguien que había vivido tanto tiempo).

Llega una amiga.

- Señor Witte, cuando Benjamin dice “fósil radioactivo”…
- ¿El qué?
- Fósil radioactivo, Deleuze lo cita.
- Mire señorita, Deleuze…

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6.4.07

























[MI PRIMERA VEZ]

Tenía cuatro años. Estábamos en clase y llegó una monja y nos dijo que había que bajar al sótano. Durante el recreo, momentos antes, habían roto la nariz de Luís. Y ese fue el primer recuerdo que tengo de la sangre (las camisas de todos nosotros eran blancas). Y después, en el sótano, este milagro.

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5.4.07



[EL PISO DE AL LADO]

Llevamos más de cinco años en este apartamento. Julia lo eligió a causa del mar, de la vista azul y verde. Es un espacio grande, el más grande en el que ya hemos vivido. Cuando llegamos, Antonio, mi hijo mayor, se perdía en sus cuartos. Y hubo veces que su hallazgo nos llevó interminables segundos.

De niño, el pasillo de la casa de mis padres me producía pavor. Durante muchos años soñé que un ser me arrastraba por él hacia la puerta de salida. Su súplica, y mi terror, era que yo mirase para su rostro. Nunca lo hice, y pienso que si hoy estoy vivo se debe en parte a esa mi resistencia.

En este piso no tengo miedo. Los gritos de los presos en la comisaría de abajo me parecen hacer parte del paisaje sonoro de este país. Además, está situado en una calle sin salida.

Nuestro edificio, construido en la cima de un antiguo bosque de palmeras, del que algunas quedan, tiene cinco plantas, y cada planta posee dos apartamentos simétricos. El de al lado, es decir, el que queda exactamente frente a mí desde mi mesa de trabajo (y separado por una pared), ya pasó por varios inquilinos.

Una mujer divorciada y su hijo adolescente; una pareja de jubilados; una familia con muchos conflictos (fueron los que menos duraron); y últimamente un matrimonio joven y gordito, con perro gordito incluido, dueños de una tienda de vinos.

En París viví, cerca de tres años, en una casa minúscula plantada en un patio. Como trabajaba temprano, y en esa época me acostaba tarde, rara vez escuchaba el despertador. Entonces, una vecina que vivía en el sexto piso (una mujer muy hermosa y loca, casada con un fotógrafo que se pasaba largas temporadas navegando en su velero, no sé por qué) arrojaba un vaso de agua sobre el ventanuco de mi tejado. Nunca escuché el impacto del agua, pero sí su voz gritona: “Il fait jour! Il fait jour!”.

El piso de al lado se libera. El matrimonio de gorditos se ha visto obligado a cerrar su tienda de vinos (eran caros). Julia me propone mudarnos. Primero porque el alquiler es un poco más barato. Y segundo porque está en mejores condiciones y porque su orientación es más levantina, es decir, que pasaremos menos calor.

A mí me da miedo pasar del otro lado del espejo. Vivir lo mismo, pero del otro lado. Supongamos que, si Kafka tenía razón, estoy por hoy en mi lado positivo, en el piso positivo. ¿Qué ocurrirá si me encuentro del otro lado, si –como quería Kafka- me enfrento al negativo? ¿Volveré a soñar con la amenaza de un rostro sin revelar y terrible? ¿Será esa la verdad? ¿Los sollozos de los presos, serán menos o más audibles desde el piso de al lado?


*Fotografía de Degas, 1895. – “Auguste Renoir y Stéphane Mallarmé”

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