
[EN LA HABITACIÓN DE VANDA]
Irremediablemente, las películas de Pedro Costa me excluyen del cine e, irremediablemente también, me acercan a lo que llamamos vida. A lo que llamamos la vida de los seres humanos.
No sé si existe, si existió, desde que el cine dejó de ser mudo, un cineasta tan capaz de decir y de ver lo que es un ser humano.
Digo que me excluyen del cine. Hablo del cine en general. Porque no queda otro remedio que el de plantearse, después de Costa, lo que realmente significa el cine, la experiencia del cine.
“Estou com frio, estou com frio!”, dice Vanda canturreando.
El cine, se ha escrito tantas veces, es una ventana que da al mundo.
En Costa, es una resurrección. Sus filmes son el mundo, un mundo que existió y que ahora nos mira a través de esa ventana que llamamos cine.
(Sería necesario que los filmes de Costa pasaran únicamente en locales desocupados. Un lugar en el que el espectador tuviera libertad de movimientos. Ayer, después de ocho años de espera, sentí un deseo grande de ir acercándome cada vez más a la pantalla.)
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2 comentarios:
Il est des salles de cinéma de banlieue vides comme des hangars, et belles comme un embarcadère du rêve...
No sabía del texto de Desnos (¡1928!)… gracias. Mi favorito en París era el Denfert, en el 14, porque era la única sala que tenía sesiones a partir de las 8 de la mañana (siempre me ha sido muy agradable madrugar para acudir a ver un filme).
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