
[EN SAFED (2)]
Era el segundo día del año nuevo (Rosh ha-shaná), un grupo de mujeres ortodoxas contemplaba el horizonte desde esta montaña de la Alta Galilea.
Nace la primera estrella sobre una luna creciente (que en hebreo es femenina y masculina) y el grupo de mujeres busca en sus bolsos cajetillas de tabaco y comienzan a fumar.
La fiesta ha terminado. Los hombres salen de las sinagogas y juegan con los niños. Llevan aquí desde que la Inquisición les expulsó de España. Son pobres, sobreviven gracias a una ayuda estatal y pequeños trabajos. Su dedicación exclusiva a la interpretación de la palabra (la palabra que ellos consideran escrita por Elohim) no les deja mucho tiempo libre. Esperan, llevan siglos haciéndolo, la llegada de la imagen.
Oron y yo tenemos sed (en hebreo “agua” es femenino y plural), pero nada que se parezca a un café o bar se deja ver en la calle. Regresamos al coche. Ahora podemos dejar la ciudad de Safed, la fiesta ha terminado.
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