28.10.08



[LOS DEDOS DE NOA]


Intenté hablar hoy con Oron. Siempre que lo intento suena ocupado. Creo que lo hace aposta. No quiere que yo pague la comunicación y a los pocos minutos llama él. Pero ya le había enviado un mail. Le contaba que estaba escribiendo pequeñas cosas sobre mi viaje a Israel y que me gustaría publicar una imagen de su hermana Noa, que él mismo filmó con mi pequeña cámara de vídeo. En el mail le adjuntaba la imagen congelada de su hermana. Así que al poco sonó el teléfono. Los ojos de Noa no le gustaban. “Parecen velados”, me dice. En realidad el foco está en los dedos, en la mano derecha de Noa. Aunque también está en foco el calendario del fondo. Decididamente no entiendo nada de lo que llaman “alta definición”. Los ojos están más altos que el calendario, que los dedos. No debe de ser fácil hacer foco en unos ojos como los de Noa.

Ese día habíamos pasado una mañana muy agradable paseando por las calles de Tel Aviv. La ciudad me parecía tan efímera que un ligero viento se la hubiera podido llevar al instante. Era frágil y hermosa como un sueño, como el dibujo de un niño que se desprende de un cuaderno y se pierde para siempre. En una tienda compré flores y entonces subimos por el boulevard Rothschild.

Cuando llegamos a la casa de los padres de Oron ya era tarde, pero aun así nos sirvieron el almuerzo. El padre me trata con hermandad y la madre como madre. Es mi primer día en Tel Aviv y sin embargo todo me resulta familiar. Desde la terraza observo los edificios estilo Bauhaus, blancos y vivos. De niño consultaba una enciclopedia alemana que tenía ilustraciones anteriores a la Segunda Guerra. Me extrañaban las casas, las calles, los paisajes. Todo aquello está aquí, recuperado. No sé decirlo de otra forma, pero cuando el padre de Oron me muestra su biblioteca con sus Kafka publicados en aquella época lo entiendo. Y entiendo cuando, en hebreo, me dice, dando por hecho que entiendo el hebreo, “no eres tú, yo no soy yo, y ésta no es nuestra casa”.

Los dedos de Noa se relacionan con los objetos del apartamento como lo haría una abeja que se posa sin peso en la intimidad de las flores. También ocurre así cuando toma las manos del padre, o cuando pellizca algún alimento. Sus falanges son las de un ser humano, se parecen con las de un ser humano. Pero sus movimientos nacen en otro mundo.


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