5.11.08

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Un cineasta en paro forzoso (sus proyectos no convencen, no interesan, nadie le hace proposiciones interesantes) decide un día comprar una cámara de 16 mm. y registrar su cotidiano. Y lo hace con la vergüenza de los que sienten no tener derecho. Filma contra la voluntad, impuesta por los otros, de no hacerlo. “Ellos desean películas que nadie necesita”.

Filmar la guerra del Yom Kippur en un monitor de televisión, filmar el apartamento, las ventanas, filmar lo que se ve a través de ellas, filmar la calle, los muros de la ciudad, filmar los rostros evitándolos frontalmente (por pudor, por vergüenza).

Excluido del cine, de la industria del cine, Perlov siente a su vez una exclusión del mundo. No sabe a qué país pertenece. La única certeza, la que justifica su vida en Israel, es la presencia de sus dos hijas: Naomi y Yaël. “Continúo aquí porque he plantado dos árboles”.

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3 comentarios:

c dijo...

Excluído do cinema.

sabes ángel, creio que é aí que quase tudo é possível. quando nos põem na rua, percebemos que todo o espaço nos pertence.

Á. dijo...

excluirse, como Costa ha decidido hacer, o ser excluido, como de hecho lo fueron Parlov o Eustache, puede producir todo lo posible e imposible; sin embargo, en el primer caso hay un sentimiento de orgullo, de nobleza, mientras que en el segundo es difícil escapar de un cierto sentimiento de humillación (cuando nos dicen "no" es siempre doloroso).

c dijo...

sim, talvez tenhas razão. nem sempre é possível resistir às injustiças do mundo

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