[UNA MUJER CANTA, ¡QUÉ MÁS SE PUEDE PEDIR!]
[CHAPITRE 2]
1978-1980, David Perlov
Yaël se confiesa a su padre, sin querer, como hablando para ella (Perlov dice de ella que habla para la vida en su conjunto). Su padre pregunta si puede filmar, a lo que la hija responde que sí, pues es él el que filma. Ha regresado de París, súbitamente, por lo que parece, y a sus veinte y pocos años ya tiene una historia para contar al mundo. En un monólogo que recuerda, me recuerda, al personaje interpretado por Françoise Lebrun en “La maman et la putain” de Jean Eustache, Yaël escenifica con manos y palabras una ruptura que acaba de sufrir.
YAËL.-
Recibí su carta, la abrí en el
café, estaba escrita a máquina.
(mima con los dedos alguien que escribe a máquina)
Pude sentir el ritmo, la tensión,
esta era su venganza,
no era personal, no era su letra,
estaba mecanografiada.
Una persona creativa expresándose
por medio de palabras mecanografiadas…
Tac, tac, tac, tac.
Pude ver cómo planeó los
párrafos, meticulosamente,
como la carta de un abogado.
Estaba ordenada en cubos
(los dibuja en el aire con las manos)
impecables, párrafos…
Comenzaba, por supuesto, con:
“Estoy con ella.
Por eso te escribo, para
avisarte que estoy con ella,
y que estoy bien.”
Fin del párrafo.
(silencio)
Y al final me escribía:
“Decías que querías trabajar
con tu padre,
que esa era tu gran aspiración.”
(silencio)
Empleó un lenguaje que no tolero
ni siquiera en la literatura.
Nadie dice en la vida:
“¡tu gran aspiración!”
(eleva los brazos)
“Me sorprende que ya no sea así”,
tres puntos…
Tres puntos, ¡se asombra!
Luego agrega: “Quisiera
preguntarte otra cosa:
¿Qué tienes allí
que no tengas aquí?
¿Qué es lo que comprendes allí
que no puedes comprender aquí?
Es una pregunta retórica,
no me respondas.” Punto.
(silencio)
Y al final, nuevamente: “Estoy
bien, escribiendo como siempre.”
Y para concluir
con sumo patetismo,
se dibujó a sí mismo con sus rizos,
nuestro rasgo en común,
junto a ella, la gran belleza,
delgada, de cabello largo y lacio…
Y en su dibujo él la contemplaba.
(largo silencio)
Días después le dije: “Qué
venganza elegante has escogido.
No me has enfrentado cara a cara,
me has enviado una carta,
lo has hecho de una
manera formal y evasiva.”
Le dije: “El dibujo fue
un truco muy sofisticado,
un significado muy claro,
pero transmitido sutilmente.”
Y me dijo: “Sí, es lo que
sentí en aquel instante.”
(silencio)
Pero no sólo fue lo que sintió,
fue una venganza.
En esto se centra la venganza,
en el final.
(silencio)
Antes de viajar, quise…
Me sentía triste a pesar de todo.
Y en el último momento le dije:
“Sé que me serás infiel. Lo sé.”
Le acusé, le dije que sabía que
eso es lo que haría, y él sonrió.
Y le dije: “También sé con quién,
con mi amiga.”
Y volvió a sonreír… ella me
pidió su número de teléfono,
y yo se lo di.
Pero ya sabía que al dárselo,
conspirarían contra mí.
Esperaba la carta en la que
me contaría que estaba con ella.
Sabía que eso iba a suceder.
Puedo imaginármelo escribiendo
en su máquina tan ruidosa.
Él se enorgullecía mucho de ese
ruido, “tiene un efecto artístico.”
(sonríe)
Antes de irme, y para
demostrarme que todo estaba bien,
y que él no era como el joven Werther,
me dio un libro de poemas
de Yehuda Amichai:
“La Gran Tranquilidad,
Preguntas y Respuestas.”
(sonríe)
En ese momento yo ya no apreciaba
tanto a Amichai como antes,
y lo cambié por otro libro,
uno de Conrad,
sobre una travesía en África…
Eso es lo que deseaba:
escapar, salir a la aventura,
deseaba irme a “El corazón
de las tinieblas”, África.
(sonríe)
Y antes de viajar, me dio
los poemas de Yehuda Amichai,
y me dolió dejarle por otro escritor.
Y le dije:
“Quiero darte este disco,
estoy segura que te gustará,
te conozco bien,
sé que es para ti
y quiero que lo tengas.”
Se lo di y le dije: “Escúchalo.”
Y pensé para mis adentros:
“De esta manera
intercambiaremos regalos.”
(se levanta de su silla)
Tengo el disco aquí.
(va hasta una mesilla donde reposa un tocadiscos
y lo acciona)
No es ésta…
(suena una aria de Bach)
La que canta es una mujer,
¡una mujer!
Comentario de PERLOV (en off).-
“Por primera vez revelo en ella una profundidad que ignoraba. ¡Qué simple y pura!”
YAËL.-
Es una especie de
arrepentimiento, ¿no?
Es como pedir una disculpa.
Es una canción tan llena de fe.
Es una súplica por la fidelidad.
Está pidiendo perdón.
Porque así fueron las cosas,
simplemente sucedió.
Él me traicionó.
(silencio)
Me escribió que suele
escuchar el disco,
pero es una traición.
Comentario de PERLOV (en off).-
“Intento algunas preguntas pero siento que carecen de sentido.”
YAËL.-
Lo sé, pero quiero ser muy amada.
(llora)
Por todos.
Es una debilidad,
pero uno necesita…
Es una verdadera súplica…
Seguir amando, a pesar de todo,
porque así es, así soy yo,
las cosas suceden a su manera,
pero hay cosas que deben permanecer intactas.
Una mujer canta,
¿qué más se puede pedir?
(…)
(la imagen, en blanco y negro, granulada, el rostro luminoso y húmedo de Yaël, las calles a través de la ventana, a veces)
.

3 comentarios:
Talvez a cena mais bonita do filme... A bela Yaël que, como se vê em episódios mais avançados, sentiria a perturbação ao participar na montagem de SHOAH de Claude Lanzmann.
que bonito, ángel, que bonito!
es un honor, una felicidad, teneros a los dos hoy aquí… "ainda não começamos à pensar" pero a veces vivimos "dias felizes".
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