5.9.08



[EL SUEÑO DE ORESTE]


Nunca he sabido hacer una fotografía. Envidio a los que saben. Me gustaría poder preguntar “cómo lo hiciste”. Pero no me serviría de nada porque no entendería la respuesta. La imagen se me escapa. Siempre ha sido así. Poseo una, preciosa, de mi padre con dos o tres años. No la hice yo, claro, no había nacido. Pues esa imagen se está borrando. Y hay muchas que he perdido. Montones de fotografías.

La imagen me obsesiona y al mismo tiempo me aterroriza. La imagen fija. Parar el tiempo en un único instante, la muerte fijando ese suspiro vivo. Quizás, debido a ese temor, el cine me reconcilie con el amor que le tengo a la imagen. Existe un retrato insoportable: el de Robert Walser, los ojos abiertos, muerto en un lecho de nieve. Insoportable y necesario, pues me parece que en este caso la fotografía cumple con su trabajo. Matar la muerte y hacerla inmaterial, indefinida.

El cine tiene que ver con la vida. Es algo que siento como fundamental. Es tiempo. Y es un tiempo de resurrección. Una imagen que no se deja atrapar. O que se presta a ello, pero protegida por una atmósfera en la que respira. Entonces debe de ser eso lo que realmente me gusta de la imagen. No poder tenerla. Verla y saber que la estoy perdiendo. Exactamente como me sucede en la vida, con la vida.

No sé por qué te estoy contando estas cosas. A lo mejor porque buscaba una imagen de ti y di con ésta. Estabas dejando tu casa y este país. Al verla hoy recordé lo agradable de nuestra vecindad. Vivir cerca te permite llegar a la casa del otro con los ojos aún por abrir. Y luego, más tarde, en el transcurso del día y de nuestro trabajo, no es que soñásemos despiertos: despertábamos soñando.

Cuando hice la foto (pero repito que no sé qué es hacer una foto), quería retratarte junto a los paquetes de la mudanza. Salió toda borrosa. Digo que hice, pero de eso no estoy tan seguro. Y es por ello que me gusta y por dos razones: porque al estar en movimiento se parece a un fotograma, y porque tengo la sensación de que, posiblemente, el autor de la foto no sea yo sino mi hijo mayor.

Un abrazo,

Ángel


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