[DE VER AHORA]
Ofelia.-
“¡Mi alma noble aquí deshecha!
Los modales de un príncipe, y de un soldado
La espada, y de un sabio las palabras luminosas,
La semilla y el fruto soñado de un reino feliz,
El espejo fiel, la elegancia de las elegancias,
El centro de todas las miradas, todo esto, todo acabado,
Y yo, de todas las mujeres la más desconsolada, la más miserable
Por haber bebido la miel de sus dulces promesas,
Escucho ahora mi robusta y soberana razón
Que gime, como una campana desafinada,
Y ve que la gracia incomparable,
Mi florida juventud,
La demencia marchita. ¡Cuánta es mi desdicha
De haber visto, y de ver ahora!”

La
Cia dos Atores estaba ayer en Salvador con su “Ensaio Hamlet”. Hay en Shakespeare, desde siempre -y casi siempre a pesar de las intenciones de los directores que se han atrevido con su obra-, un ver proyectado en el futuro. Las cosas van a suceder, suceden, e inmediatamente llegan con el aviso de nuevas tormentas. Hay también en Shakespeare un deseo muy profundo de regreso, de viaje al origen, y ese deseo hace que al dejar el teatro volvamos al libro, a las palabras.
El ensayo que propone Enrique Diaz juega dos veces con Hamlet. Primero porque introduce el teatro dentro de la propia obra (de por sí teatral, representada), y segundo por testar, y lograrlo felizmente, un sistema de rotación en los papeles. Ofelia abandona el vestido blanco y una sencilla chaqueta negra la convierte en Hamlet; o el fantasma de su padre es a su vez el hijo resucitado, la Reina o un espectador más.
El teatro es la casa de todas las abstracciones. La fascinación que nos provoca tiene que ver con su poder de representar. Cualquier cosa es otra y al mismo tiempo sigue permaneciendo como esa cosa. Ser y no ser. Ver, haber visto, y ver ahora.
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