
[EL COMBATE CON EL ÁNGEL]
Esperaba con ansiedad el encuentro marcado con Alain Bergala en Salvador. Poder estrechar la mano del que fue –aún es- guía de mis peregrinaciones a los templos del cine (en París lo eran) y espejo de mis impresiones, sensaciones vividas tras la proyección de un filme (recuerdo la felicidad al “verme” en sus palabras cuando elogió “Je vous salue, Marie” en su época de Cahiers).
El encuentro con Bergala era también la promesa de un regalo, un DVD editado por L’Eden Cinema, el único filme de Jean Eustache existente en ese formato: “Mes Petites Amoureuses”. En el mismo disco, un pequeño tesoro llamado “Le Combat avec l’ange”, realizado por el propio Bergala y con una duración de 16 minutos. Bergala, analizando la secuencia de la kermés infantil, hace resurgir dos secuencias mayores que dialogan directamente con el filme de Eustache: una de “Pickpocket”, de Bresson, en la que el protagonista se dispone a robar el contenido del bolso de una mujer, y un travelling de ida y vuelta visible en “Ordet”, de Dreyer.
Ayer mismo, después del primer visionado de la parte documental del filme de Geraldo Sarno, “O último romance de Balzac”, nos sorprendimos al comprobar que las obras de arte se comunican entre sí, y presumimos que muchas de ellas son anteriores al propio acto de creación.
Si el arte resiste, si prevalece y nace antes de ser, es porque ha sido tocado por una mano divina. Le hemos dado tantos nombres a dios sin saber que lo teníamos tan cerca… Nuestra necesidad de él, de lo que llamamos arte, se parece demasiado con el combate librado entre Jacob y el ángel: una lucha que no deseamos que acabe, a no ser que, asidos a sus alas le digamos “no te soltaré hasta que me bendigas”.
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